Principios pedagógicos

principios

Los Principios en los que se funda su Pedagogía son:

Actitudes por parte de los educadores:

  • Atraer por la suavidad y el amor
  • Que las alumnas se sientan como en familia, envolviéndolas en un ambiente de pura y sana alegría, sin que degenere en desorden ni familiaridades.
  • Que las alumnas abran el corazón a las educadoras, ya que facilita mucho el trabajo que deben hacer.
  • Potenciar los elementos que desarrollen la pureza del alma.
  • Ambiente de sencillez y alegría cristiana que se difunde y conserva con el trato amable, sin alabanzas ni halagos excesivos.
  • Sistema persuasivo más que riguroso
  • Confianza sin olvidar la vigilancia
  • Estímulo más que castigos y represiones
  • Optimismo y emulación que conviden al estudio y al trabajo.

Condiciones del local y actividades:

  • Luz y flores en las aulas, comedores y salas de recreo
  • Juegos animados y vivos
  • Cantos en las funciones religiosas
  • Organización de excursiones como premio al esfuerzo y al trabajo.

Actitudes a potenciar en las alumnas:

  • Cierta libertad para proponer, plantear y desarrollar iniciativas que no perjudiquen el desarrollo de los estudios y de las clases.
  • Hacer las obras de caridad que les sea posible
  • Devoción a María Inmaculada

Esta referencia a la Pedagogía acaba precisando  que es la más adecuada para desarrollar en las jóvenes  un juicio recto, una piedad sólida, una conciencia ajustada sin ser escrupulosa, una gran sinceridad en las actuaciones y una pureza de alma.

CRISTIANO PORQUE:

El proyecto educativo se ha de inspirar en la pedagogía Divina, utilizada por Dios a lo largo de toda la historia y con la cual Jesús vive y enseña a su discípulos.

Esta pedagogía del amor, la aceptación y la confianza es el camino, criterio y procedimiento que una educación ha de seguir para lograr en sus educandos la vivencia de los valores trascendentales, religiosos y cristianos, por lo tanto

Jesús de Nazareth sugiere una pedagogía que no enseña sistemas de pensamiento, sino un modo de vivir que integra a toda la persona, su clave está en el estilo de comunicación,  fundamental en la tarea educativa:  el tono de voz, la intensidad, dirección de la mirada, gestos, expresión facial y corporal.

En Jesús el gesto pedagógico más fecundo es el testimonio que conduce a organizar la vida, repartiendo el tiempo sin dejar por fuera ningún aspecto como la familia, la formación, los amigos, la oración, la proyección social…etc.

El criterio pedagógico de Jesús es el amor, el trato singular y diferenciado, respetuoso de las características, procesos, conveniencia y convicciones personales, el contexto desde el cual cada uno habla; logrando interiorizar la experiencia, la identidad, los sentimientos, emociones y la capacidad  intelectual de acción.

Jesús confirma al otro con su trato diferenciado amoroso, sacándolo del aislamiento, llenando sus expectativas, suscitando relaciones comunitarias que crecen en el tiempo logrando cambiar la vida en profundidad, porque crea hábito en sus discípulos, porque sólo cuando se tienen hábitos se puede decir que se ha educado.

CATÓLICO PORQUE:

La misión de la escuela católica es la formación integral de las y los estudiantes, para que puedan ser fieles a su condición de discípulos de Cristo y, como tales, puedan trabajar efectivamente por la evangelización de la cultura y por el bien de la sociedad.

De la escuela católica se deriva uno de los elementos más expresivos de la originalidad de su proyecto educativo: la síntesis entre cultura y fe. En efecto, el saber, considerado en la perspectiva de la fe, llega a ser sabiduría y visión de vida. El esfuerzo para conjugar razón y fe, llegado a ser el alma de cada una de las disciplinas, las unifica, articula y coordina, haciendo emerger en el interior mismo del saber escolar, la visión cristiana del mundo y de la vida, de la cultura y de la historia. En el proyecto educativo de la escuela católica no existe, por tanto, separación entre momentos de aprendizaje y momentos de educación, entre momentos del concepto y momentos de la sabiduría. Cada disciplina no presenta sólo un saber que adquirir, sino también valores que asimilar y verdades que descubrir. Todo esto, exige un ambiente caracterizado por la búsqueda de la verdad, en el que las y los profesores, competentes, convencidos y coherentes, maestros de saber y de vida, sean imágenes, del único Maestro. En esta perspectiva, en el proyecto educativo cristiano todas las disciplinas contribuyen, con su saber específico y propio, a la formación de personalidades maduras.

Como toda otra escuela, y más que ninguna otra, la Escuela Católica debe constituirse en comunidad que tienda a la trasmisión de valores de vida. Porque su proyecto, como se ha visto, tiende a la adhesión a Cristo, medida de todos los valores, en la fe. Pero la fe se asimila, sobre todo, a través del contacto con personas que viven cotidianamente la realidad: la fe cristiana nace y crece en el seno de una comunidad.

Sin la constante referencia a la Palabra y el encuentro siempre renovado con Cristo, la Escuela Católica se alejaría de su fundamento. Es del contacto con Cristo, de donde la Escuela Católica obtiene la fuerza necesaria para la realización de su propio proyecto educativo y “crea para la comunidad escolar una atmósfera animada de un espíritu evangélico de libertad y caridad”, en la cual el y la estudiante pueda hacer la experiencia de su propia dignidad. Reconociendo la dignidad del hombre y la llamada que Dios dirige a cada uno, la Escuela Católica contribuye a liberarlo, es decir, a hacer que sea lo que él está destinado a ser, el interlocutor consciente de Dios, disponible a su amor.

La Escuela Católica, movida por el ideal cristiano, es particularmente sensible al grito que se lanza de todas partes por un mundo más justo, y se esfuerza por responder a él contribuyendo a la instauración de la justicia. No se limita, pues, a enseñar valientemente cuáles sean las exigencias de la justicia, aun cuando eso implique una oposición a la mentalidad local, sino que trata de hacer operativas tales exigencias en la propia comunidad, especialmente en la vida escolar de cada día.

De este modo la Escuela Católica adquiere conciencia de su empeño por promover al hombre integral porque en Cristo, el Hombre perfecto, todos los valores humanos encuentran su plena realización y, de ahí, su unidad. Este es el carácter específicamente católico de la escuela, y aquí se funda su deber de cultivar los valores humanos respetando su legítima autonomía, y conservándose fiel a su propia misión de ponerse al servicio de todos los hombres. Jesucristo, pues, eleva y ennoblece al hombre, da valor a su existencia y constituye el perfecto ejemplo de vida propuesto por la Escuela Católica a los jóvenes.

Las escuelas católicas deben convertirse en “lugares de encuentro de aquellos que quieren testimoniar los valores cristianos en toda la educación”.

FILIPENSE PORQUE:

San Felipe Neri, bajo la guía del Espíritu Santo inició una verdadera estratégica pedagógica, que nos dejó como legado. Su actitud hacia el educando, estaba dictada sobre todo por la intención de transformar positivamente a todo el hombre, basado en el conocimiento recíproco y la confianza, el descubrimiento del bien de cada uno; es decir, el lado positivo juntando sobre esto una construcción de sólida madurez humano cristiana, donde desarrollaba el ejercicio de las pequeñas virtudes, secundando las buenas dotes, para unir después a la práctica de la Fe, la Esperanza y la Caridad.

Con su multiforme actividad entre los pobres, los ricos laicos, eclesiásticos, niños, jóvenes y adultos, supo crear una atmósfera espiritual y serena, adecuada para hacer conciencia entre ellos, del derecho que tienen a vivir dignamente por ser hijos de Dios. Fue también para ellos un padre y un maestro, convencido que el futuro de una sociedad y el bien de la Iglesia dependen de la formación física y espiritual de las nuevas generaciones. San Felipe en la comprensión y en el respeto de la personalidad del niño, no se hace extraño de la sociedad, sino que va al encuentro de ella, en el pueblo y en los grupos que se mueven en las calles, llegándoles mediante la observación y el contacto directo con amor cristiano y filial.

El espíritu educativo de San Felipe está bien reflejado en aquella actitud de “Hacerse niño con los niños”, adaptándose a su lenguaje y tomando en serio sus cosas, sin olvidar aquel aspecto de una educación positiva, de una autoridad liberadora que sea ayuda para el impulso interior en el desarrollo de las dotes del educando, manteniendo el respeto por la libertad del otro y evitando toda intervención violenta sea exterior, psicológica, moral o física; lo cual exige la acción prudente y amorosa del educador para que el educando se vuelva educado.

San Felipe como todo educador por vocación y temperamento, toma interés por la vida del niño, juega con él, lo entretiene y le habla de aquellas cosas que desea vivamente y busca comprenderlo teniendo en cuenta que cada niño, todo hombre o mujer, tienen sus constitución a la que obedecen, que le da después un carácter personal con exigencias particulares, con aspiraciones subjetivas donde cada uno es original y distinto del otro.

Tres son los aspectos de la novedad que San Felipe introdujo en el campo de la educación cristiana, válidos aún hoy:

  • Educar al hombre en cuerpo y espíritu.
  • Recurrir a las dotes naturales aceptando a todo el hombre para madurarlo integralmente como Dios lo ha creado y lo quiere realizado.
  • Desarrollar una pedagogía cristiana que se dirige a lo íntimo del corazón para transformarlo: “Educarlo desde dentro”.

Las formas concretas de la pedagogía usada por San Felipe se pueden sintetizar en cuatro estrategias pedagógicas:

  • El diálogo personal.
  • La lectura.
  • La música.
  • Los paseos.

La pedagogía de los Padres Fundadores Marcos y Gertrudis Castañer y Seda se vive desde el amor, que busca levantar a la mujer y desde ella ser fermento cristiano en medio del mundo; inculcando, libertad, justicia, ternura y sembrando con su vida una fe viva.

Es la pedagogía que se interesa y acepta a toda la persona, cualidades, limitaciones, éxitos, fracasos, relaciones y el entorno que la rodea.

Como pedagogos, Marcos y Gertrudis, son profetas de esperanza, porque creen en la posibilidad de cambio de las personas. Saben acompañar, estar muy cerca conociendo las necesidades afectivas y poniendo todos los medios, para hacer crecer a las personas.

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